Para comenzar, hay que orientar primeramente de qué trata el psicoanálisis, y sus bases y desarrollo en el ambiente nacional. El psicoanálisis, aunque muchas veces confundido con psicología, es una terapia que se practica de acuerdo a ciertas reglas establecidas anteriormente por la Asociación Psicoanalítica Internacional, que en Argentina tenía como representación a la APA (Asociación Psicoanalítica Argentina). El psicoanálisis en Argentina está íntimamente relacionado con corrientes de pensamientos provenientes de Francia, en especial, el de un psicoanalista francés llamado Jacques Lacan, que junto con Sigmund Freud, fundaron las principales influencias del psicoanálisis a nivel nacional, y mundial. La particularidad de Lacan, era que incorporaba también todas aquellas ramas del conocimiento humano: filosofía, matemáticas, etc.
Dicho esto, debemos especificar que nos basa,os en un documental llamado “Rompenieblas, una historia de psicoanálisis y dictadura” la cual trata de visualizar qué fue lo que sucedió con el psicoanálisis en la Argentina durante este período negro de la historia argentina. Este interrogante, nunca tiene una hipótesis clara, lo que es lamentable, ya que se dice que la historia del psicoanálisis durante dicha época, queda confuso, y sin una “resolución” concreta.
El gran interrogante que surge, se plantea a través de cómo se puede aplicar una disciplina basada en el ejercicio de la libertad de la palabra, durante un régimen totalitario y bajo las condiciones de represión que había en ese entonces en el país. Este interrogante, despliega primeramente que durante los décadas de los años ’60 y ’70, donde había un predominio en la población de la idea del paradigma de revolucionar el mundo. Debido a esto, durante estas décadas, se producen huelgas generales, lo que desata entre los psicoanalistas dos posturas: la primera, reprueba las huelgas, ya que los pertenecientes a esta opinión estaban relacionados con la burguesía liberal; la segunda, implica la inclusión de los mismos con el compromiso social. Este último pensamiento, hace que surja una huelga de psicoanalistas. Luego, en el año 1971, se produce en la APA una ruptura, por una “falta de compromiso” con lo que sucedía en el contexto social en ese entonces, pero que no precisamente tenía características políticas. Aparecen entonces, dos bloques: Plataforma y Documento. Plataforma se relacionaba a un movimiento con origen internacional en los años ’69; Documento, se relaciona con la reivindicación del compromiso social.
Ninguno de los profesionales vinculados a uno u otro bloque fueron perseguidos por las fuerzas militares explícitamente, sino que durante el terror impuesto en esta época, algunos psicoanalistas Lacanianos y no Lacanianos siguieron luchando desde sus instituciones; otros no. Se dice entonces, desde otra perspectiva, que también se habla de la complicidad civil del psicoanálisis como corporación, es decir, “se avala una realidad, se acepta de cierto modo, y se llega a también a ocultarla, a pesar de estar en contra de ello”. Entonces, además de la postura antes expresada, se debatían entre ellos mismos , el deber de ser neutral (que en ese momento, era la mejor decisión) y no involucrarse, permanecer con el método de trabajo usual con el paciente; y el deber como compromiso con la sociedad, es decir, el sentirse involucrado y afectado por la situación. Se debatían si actuar, o fingir que nada sucedía.
En conclusión, el psicoanálisis no se vio demasiado afectado por este régimen, a pesar de estar relacionado con la libertad de expresión. Aunque obviamente hubo desapariciones, ya que algunos psicólogos y psicoanalistas eran militantes, o simplemente estaban con las protestas hacia las autoridades por los desaparecidos, por ejemplo, Beatriz Leonor Perosio, militante de Vanguardia Comunista, hoy Partido de la Liberación, Presidenta de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires (APBA) y de la Federación de Psicólogos de la República Argentina (FePRA), fue secuestrada el 8 de agosto de 1978.
Nos parece adecuado también mencionar cómo se ocultaban las operaciones ilícitas por parte de los militares (como parte de una de las acciones llevadas a cabo por los militares en la dictadura) con el ejemplo de la visita de Françoise Dolto, una médica pediatra y psicoanalista de niños francesa muy importante y popular (después de Lacan) a la Argentina durante este período. Le preguntaron qué debían hacer con las apropiaciones de infantiles(hijos de desaparecidos) por parte de los militares, a lo cual respondió que “debían dejarlos donde están, porque esto les causaría otro trauma”, pero Laura Conte (Madre de Plaza de Mayo, y psicóloga, quien tuvo un hijo que formaba parte del servicio militar en la Base Aeronaval de Punta Indio y que aun así fue desaparecido el 7 de julio de 1976, y muerto dos meses despúes) afirma que Dolto no fue bien informada, y que ella sostuvo esto, porque consideraba ilusamente a los represores como “buena gente”. En una declaración por la desaparición de su hijo, afirma que estos hechos “son una demostración palmaria de que existió un plan sistemático, que ya estaba en funciones en enero de 1976 y creo que antes”. Decimos esto, porque también se observa la conclusión a la que ya hemos abordado en otros trabajos, que la dictadura ya venía “cosechándose”.